Cuando abrí los ojos, me quede un instante mirando el techo blanco y alto de mi pequeña habitación. Me quede unos minutos así, inmóvil en mi cama, ignorando la decisión que en segundos tomaría, es decir, ignoraba mi partida. Simplemente recogí mis cosas sin pensarlo, lo mas necesario, como ropa, mi cepillo de dientes azul, mi abrigo gris (que es muy ligero para el frío, pero muy grueso para el calor), mis lentes de aumento que nunca uso, ni usare, y parte del dinero que tanto trabajo me ha dado ahorrar, guardado durante meses en mi cofrecito de colores casi infantil que esta junto a mi cama.
En la sala todo estaba en penumbras, y carecía del calor que siempre ofrecía. Decidida, tome las llaves que estaban sobre el estante de madera, parecía como si me hubieran estado esperando durante toda la noche, fui caminando sin apuro a la puerta, y la abrí sin pensarlo dos veces y me embarque a un nuevo viaje hacia la madurez, sin decirle a nadie, sin despedirme, y en realidad no me importo, porque a mi regreso todos notaran la diferencia, porque desde el momento en que abrí los ojos con la mirada perdida en mi techo, desde el segundo en que decidí marcharme, las cosas ya eran diferentes, yo había crecido.
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1 comentario:
wow que profundo esta eso!! me gusto mucho:)!
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